¿Qué lugar nos queda a los que venimos del interior y seguimos amándolo? ¿Vale la pena? ¿Cuál es la gracia?
A mí el zonda me tiró en Corrientes y Callao y dije "opa, veamos que hay por acá". Y vaya que había. Un universo paralelo: el sistema solar del arte, y ahí nomás, el planeta de los actores. Sin fronteras, sin idioma, con sede transitoria en esta ciudad.
Dimensión desconocida sin precio. Y por eso estoy aquí,. Porque por azar y algunas otras cuestiones se materializa en estas coordenadas.
Pero bajo a la Buenos Aires real, y sólo quiero llegar a Retiro y tomar el primer colectivo que me deje en la Capital del cuarteto.
Y no porque Buenos Aires sea solitaria, peligrosa y oscura. Simplemente porque no es Córdoba.
Porque el Obelisco no es La Cañada. Una falsa torre de babel ensalzada por habitar una avenida con complejos de anchura no se equipara con una corriente de agua encauzada entre tipas. Pura naturaleza urbana.
Y un chabón no es un guaso. Y acá no hay tonada, ni cielo ni sol.
Acá los taxis se pierden entre la marea, y los remises no tienen ambición.
Acá, la peatonal es de mentira: cuadras y cuadras de falsos números para impresionar angloparlantes.
Acá el humor no los salva. Acá no hay salvación.
martes, 19 de agosto de 2008
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